Mientras crecía en el ensanche La Agustina, en Santo Domingo, mi madre me asignaba, como deberes diarios, barrer y limpiar el piso de la casa todos los días cuando llegaba de la escuela. Esto tenía que hacer aunque no tuviera ganas. Día tras día durante muchos años. Qué piensa usted lector, que a mi gustaba hacer ese oficio, claro que no. Luego de ir a la universidad esta práctica fui librado.
En estos días compramos un bebedero, para tener mayor facilidad para tomar agua. Pero sucede algo que nosotros nos pensamos y es que tenemos mellizos de dos años y que les gusta derramar del bebedero el agua al piso.
Cuando encuentro el piso lleno de agua, ¿cuál cree usted que es mi actitud? Buscar una trapo de piso y limpiar el agua, aunque nadie me este mirando, eso es lo correcto.
Los años que estuve siendo disciplinado por mi madre, limpiado el piso de la casa, ha creado el mí un buen hábito.
Que es un hábito es una cosa hecha a menudo de una forma continua y esto generalmente se hace fácilmente, algo que se hace automáticamente.
La meditación de hoy es si estamos creándoles hábitos buenos a nuestros hijos, porque los jóvenes de hoy no tienen hábitos buenos, porque nosotros no hemos sido capase de entrenarlos para que las cosas la hagan bien.
Qué hacemos nosotros cuando unos de nuestro hijos nos ha faltado el respeto, Lo pasamos por alto o comenzamos a disciplinarlo hasta que deje ese mal hábito, no importando la veces de fuere. La clave de la enseñanza bíblica acerca de la crianza de los hijos está dada en Efesios 6:4: "Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor."
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